En octubre de 1981 el Canciller Oscar Camillión tenía información que el Reino Unido había decidido no negociar el tema de la Soberanía de Malvinas, confirmado luego por el Informe Franks (Informe Rattembach T.1 Cap.IIfs 7-15) y no se descartaba que el 3 de enero de 1983, aniversario de los 150 años de la ocupación – el Reino Unido realizara algún anuncio vinculado a la llamada «Postura Edén», que sostiene que la ocupación pacífica e ininterrumpida del territorio durante ese período genera la prescripción de cualquier reclamo, pues tiene más validez que un título jurídico, cualquiera que sea, dada su posesión. Esto permitiría dar un papel cada vez mayor al Concejo de las islas, que promovía la autodeterminación.
Argentina reclamó permanentemente por la Soberanía de las islas. Luego de la Resolución 2065 sancionada por la Asamblea General de Naciones Unidas, estaba ante un contexto internacional más favorable para debatir la cuestión de Malvinas, pues a partir de esa Resolución, para la ONU las islas constituían desde ese momento un territorio a ser «Desconolizado», rechazando la utilización del Principio de Autodeterminación para este caso en particular y reivindicando el Principio de Integridad Territorialidad.
Además, se reconoce un conflicto de Soberanía sobre las islas, a diferencia del Reino Unido que no reconocía ninguno.
Esa resolución se dio en el marco de una creciente tendencia a la eliminación de todo tipo de colonias y territorios de ultramar en el mundo, o al menos se debía a la voluntad de la ONU y de sus países miembros de reducir este tipo de situaciones.
Nuestro país comenzó a presentar sus reclamos desde el mismo momento de la invasión (1833). El Reino Unido se limitó a ignorarlos. Sin embargo, fue consciente desde un primer momento de la debilidad de su posición. El duque de Welington declaró en una oportunidad: «No me resulta claro que alguna vez hayamos poseído soberanía sobre las islas». En 1910 el Foreing Office encargó a Mr. De Berherndt, bibliotecario jefe del organismo, un estudio sobre el tema y el experto concluyó: «La actitud argentina no es injustificada, y hemos sido prepotentes». Un año después, un subsecretario del Foreing Office recomendó lo que sería la política británica a partir de ese momento: «No podemos fácilmente llevar a cabo una reclamación válida y debemos sabiamente evitar una discusión con Argentina sobre este tema».
Otro funcionario declaró: «Nuestro procedimiento en 1833 fue tan arbitrario que nos exponemos a ser considerados unos bandidos». En 1936, el jefe del Departamento Americano del Foreing Office declaró: «Lo mejor que podemos hacer es guardar silencio, evitar discusiones y aferrarnos con todas nuestra fuerza a las islas». Ello no impidió que, en 1946, el Foreing Office, en un documento oficial, no deje de reconocer que «la ocupación de 1833 fue un acto de agresión injustificable».
A partir de 1965, con la Resolución 2065, que fue considerada como una seria derrota del Reino Unido en el plano diplomático, la situación cambió. Para la ONU, este territorio debía ser descolonizado y existía un conflicto de Soberanía que debía resolverse mediante negociaciones.
Si esta negociación pasaba por la legitimidad de los títulos de Soberanía, el Reino Unido no tendría una argumentación sólida, como ellos mismos reconocían. De ahí la posición británica -más allá de sus declaraciones de que no tenían dudas sobre su soberanía, lo cual era, como se ve, falso – se vuelca a la prescripción y a la autodeterminación. Esta era la posición en ese momento, y esta es la posición hoy, aun cuando el mismo Parlamento británico declaró en 1983 que «el peso de la evidencia argumenta a favor de la posición de los títulos argentinos, que son de mayor subsistencia de lo que es aceptado por el Reino Unido».
El «Plan Malvinas» sumamente secreto, era mantenido puertas adentro de la Casa Rosada con total hermetismo. Por eso resultó tan sorprendente la nota que publicó el periódico «La Prensa» en su tapa del 24 de enero de 1982. Firmada por el periodista Jesús Iglesias Rouco, daba detalles sobre un plan para recuperar Malvinas, con una sorprendente cantidad de información.
Al no haber prosperado los resultados deseados en la reunión bilateral que mantuvo el Embajador Enrique Ross, en Nueva York, con la delegación británica el 20 de febrero de 1982, pues pese a la firmeza inicial del planteo para discutir el tema de la Soberanía de las islas, los británicos plantearon otros temas evadiendo la cuestión de fondo. Esa reunión fallida -que albergaba todas las esperanzas diplomáticas en la disputa de las islas- fue considerada como el último intento de diálogo abierto.
Entonces Argentina asumió una posición de mayor firmeza, tal como estuvo planteada desde un comienzo con el llamado «Plan B»: el Almirante Jorge Isaac Anaya señaló la necesidad de tener un plan B que pudiera forzar la negociación y que rompiese con la inercia de los británicos, se trabajaba sobte la hipótesis de realizar una avanzada militar, plan conocido por muy pocas personas y que no se podía comentar con nadie.
El 16 de marzo de 1982 se redactó la Directiva Estratégica Militar N°2, que indicaba que a partir de julio del año en curso, en la medida que no existiese ningún progreso , se debía hacer aunque sea un gesto simbólico en las islas, como ser un desembarco y una permanencia mínima de un Gobernador argentino y de fuerzas policiales, con el fin de que el Reino Unido por fin se sentara a negociar y que dejara de dilatar la conversación acerca de la descolonización encargada por la ONU.
Se planeó que el gesto debía realizarse a partir de julio por diversas causas, histórica, bélica y climática. Histórica, 9 de julio fecha simbólica (una segunda independencia). Bélica, la Armada Argentina había adquirido recientemente 14 aviones cazas Súper Etendard con 20 misiles Exocet AM-39, que se entregaban por tandas de a 5 unidaded y recién en mayo estaba pautada la entrega de los últimos 5 aviones y misiles. Por otra parte, en el Reino Unido existía fuerte presión de la oposición laborista y de la opinión pública para que se diera de baja a una parte de la flota de la Royal Navy, por lo cual era inminente que los británicos perdieran gran parte de su mítica flota de guerra en el transcurso de ese año. Debido al conflicto interno en el Reino Unido, causado en gran medida por la crisis económica, era tan grande que se especulaba con que para julio de 1982 Thatcher pudiera ser separada de su cargo, con lo cual el Reino Unido hubiera estado más descompensado aun para defender su pretendido territorio de ultramar.
El plan de recuperación de las Islas Malvinas fue una misión elaborada y estudiada que tuvo diversas etapas. En todo momento se consideró la negociación y la diplomacia como opciones primordiales, incluso cuando se planteó la posibilidad del desembarco, puesto que en ese momento la intención también era negociar por la vía diplomática, aunque se hubiese hecho luego de un gesto de fuerza, que no se había logrado en la reunión del 20 de febrero de 1982 en Nueva York.
Fuente:
«Malvinas Cinco Días Decisivos»
Autores: José Enrique García Enciso y Benito Rótolo
SB Editorial – mayo/2021.